Ésta ha sido una semana dura de trabajo que empezó encima con un resfriado alcalaino que aun arrastro, pero que está llegando a su fin.
Cerca de las tres de la tarde, hora en que finaliza mi jornada laboral, mi mente ya no puede más, y sólo atiende a una voz que dice continuamente, "¡déjalo ya! ¡déjalo ya!", mis neuronas están agotadas, y no se porqué, pero se me viene a la cabeza aquel bichejo de "Érase una vez la vida", como el propietario de la misma.
Necesito descansar...

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