Quizás no deba de quejarme mucho, ya que he sido uno de los últimos en caer, por lo menos de los de mi generación para arriba, pero ya llegó ese momento.
Acompañado de mi querida y copropietaria Mari, he pasado unos meses muy divertidos, buscando pisos, hipotecas, sofás, vinilos… hasta que todo este esfuerzo ha tenido una recompensa.
Reconozco que me entró un poco de vértigo cuando el Señor Notario en todo su papel pronunció la desorbitada cifra de 2039!!!, Dios!!! ¿dónde estaré yo en 2039?
Ahora si me queda una cosa clara, que hasta ese año estaré trabajando para poder pagar a la tercera habitante en discordia de nuestro pisito, la señorita hipoteca, que cual menstruación, vendrá todos los meses a darnos un poquito por culito.



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